El jefe de seguridad me llevó hasta el depósito de cadáveres, durante el camino yo solo no podía dejar de suplicar porque fuera un error, no podía tratarse de Eun-Ji, esto no podía estarme pasando. Ya era suficiente sufrimiento estar enamorado de una mujer prohibida, teniendo que seguir casado con otra.
Tampoco podía dejar de pensar en las palabras que me dijo Soo-Jin —“¡Es tu hijo!” “¡Es mi amiga y yo le creo!”
Tenía tanta confusión en mi mente, pero en ese momento solo podía suplicar para que