Ver con mis propios ojos a Eun-Ji con su esposo me destrozó por dentro, sabía que no tenía ningún derecho de sentir celos porque yo también estaba casado y no podía ofrecerle nada.
En ese punto ya no sabía qué era mentira y qué era verdad en la vida de esa mujer. Ya no podía estar seguro de que ese hijo fuera mío porque si ellos se casaron a solo unos días de que ella volviera de Shanghái, lo más probable era que el hijo fuera de su esposo.
De vuelta a la casa Hana- Rhee parloteaba tanto que m