18. Cazador y presa.
El aire nocturno mordía con una ferocidad que apenas sentía. Estaba demasiado enfocado en cada sonido, cada sombra que se movía a nuestro alrededor. Rita caminaba detrás de mí, sus pasos pequeños pero decididos. Pude oír su respiración, un poco más rápida de lo normal, pero no dijo nada.
Cruzamos callejones oscuros y desiertos, esquivando las luces como si fueran trampas. Mi instinto me llevaba, mi cuerpo sabía qué hacer antes de que mi mente pudiera procesarlo. Era un cazador, pero esa noche,