Katherina se había marchado por su “emergencia en el trabajo” Anya sabía que esa emergencia tenía nombre y apellido: Mía Cooper. La perra tenía a Katherina dejando la baba en el suelo por ella y pensar en eso ponía a Anya de malas.
No fue a la clase de respiración en la que Katherina la había inscrito “¿quién necesita que le enseñen a respirar?” Pensó, “Coges aire y después lo sueltas, es literalmente lo más fácil del mundo”.
Se repitió a sí misma aquella ocurrencia como la excusa perfecta para