La mansión de Adalberto estaba envuelta en sombras mientras la noche caía sobre el norte de Italia. Desde fuera, la villa parecía tranquila, silenciosa, como si la muerte que había rondado en los últimos días nunca hubiera tocado sus muros. Sin embargo, dentro, la atmósfera estaba cargada de una tensión que sólo quienes conocían los secretos de la familia podían percibir. Adalberto recorría los pasillos con pasos firmes, su traje oscuro impecable, y su mirada, afilada como un cuchillo, reflejab