La paz post-tormenta en la casa de la montaña duró apenas unas horas. El primer rayo de sol aún no terminaba de lamer las copas de los pinos cuando el silencio fue destrozado por el zumbido insistente de una tableta sobre la mesa de acero. No era una notificación común; era un bypass de seguridad forzado.
Noah se tensó al instante, apartándose de Antonia con el instinto de un animal que detecta al depredador. Al tocar la pantalla, la imagen granulada pero inconfundible de Alejandro Montenegro l