68. Nadie va a tocarte
Maximiliano
—¿Te interesa escuchar mi propuesta, pequeña Soler?
La pregunta queda flotando en el aire viciado del sótano, espesa y cargada de una gravedad que me eriza la piel.
En el mismo instante en que las palabras abandonan mis labios, una parte de mi cerebro, la facción fría, calculadora y puramente corporativa que ha gobernado mi vida hasta hoy, empieza a gritar en alerta roja.
¿Qué demonios estás haciendo, Maximiliano? ¿Te has vuelto completamente demente? Le estás abriendo una puerta