67. Equilibrar la balanza
Clara
El silencio que sigue a mis palabras es instantáneo, denso y cortante. Es como si hubiera soltado una bomba en mitad del pasillo.
Veo el impacto físico de mi confesión en Maximiliano; sus ojos se abren con una sorpresa monumental, las pupilas se le dilatan por un segundo y todo su cuerpo parece retroceder un paso de forma inconsciente, como si mis palabras le hubieran dado un golpe directo en el esternón. Me mira fijamente, petrificado, y por un milisegundo fugaz, un destello cruza su m