La voz llegó cargada de ira, cortando el momento como un golpe seco.
— ¿Me pueden explicar por qué ustedes dos no estuvieron en el show de hoy?
Helena estaba de pie frente a ellos, con el rostro desencajado y los ojos encendidos. Sus manos estaban cerradas en puños, y su postura rígida dejaba claro que no se trataba de una simple pregunta.
Alexandra sintió un nudo en el estómago.
— El público preguntó por ustedes —continuó Helena, avanzando un paso—. Por ambos. Y yo tuve que inventar una excusa porque nadie se dignó a avisar que no iban a presentarse.
Gabriel soltó la mano de Alexandra y dio un paso al frente, colocándose entre ambas sin pensarlo.
— No era necesario avisar —dijo con frialdad—. No estaba programado ningún acto con nosotros hoy.
Helena lo miró incrédula.
— ¿Perdón?
— Escuchaste bien —continuó Gabriel, con voz firme—. No tengo que darte explicaciones cada vez que decido no aparecer. Soy socio del circo, no uno de tus empleados.
El rostro de Helena se tensó aún más, la ve