Mundo ficciónIniciar sesiónRufo se quedó mirándome fijamente muy serio. Pero imaginar que mi adorada hija amara a otro hombre y se alejara de mí me llenó de unos celos y temor que no podía controlar. Me había puesto de pie con mi arrebato. Él se recostó en su sillón cruzando las piernas, esperando como siempre que se me pasara. Cuando volví a sentarme, inició diciendo cosas que yo sabía. Pero él, como sie







