Mundo de ficçãoIniciar sessãoALESSIA:
Miré a todos los hombres de mi padre todavía arrodillados con expresiones de incredulidad. Los rostros de mis familiares aterrados al ver cómo papá no cambiaba su orden. A mi hermano Kenet se le había ido el color del rostro y me observaba como si no pudiera creer que de mi boca hubieran salido palabras tan crueles. A mamá, que de pronto cayó de rodillas a mis pies llorando.
—Por el amor de Dios, pídele perd&oa






