Alaric
Mi mate era asombrosa, fuerte y valiente, pero ahora yo no podía dejar de ver con asombro el fuego en sus ojos. Por tenerme de esta manera, podía sentir su deseo y la forma en que me veía. Las pequeñas gotas que se movían por mi pecho y mi cuello parecían ser las puntas de sus dedos. Ella me tenía su alcance tal cual deseaba y juro que nunca perdonaré a los desgraciados que ahora nos interrumpían.
—Los destruiremos, cuenta con eso— susurro Roy, ahora deseoso de sangre.
— Mi cielo tene