Eva
Me habían tenido presa por quién sabe cuánto tiempo. Su Majestad me había dejado aquí para que fuera espía de estos imbéciles, y yo no estaba acostumbrada a hacer las cosas mal o a medias. Si estaba obligada a hacer de doble traidora, no me quedaba otra que hacer mi labor bien.
—¿Esto es todo lo que tienen? —dije, empezando a sentir lástima al ver a mis oponentes.
—Es una mujer que no conoce su lugar. Se cree más importante que todos —comentó Alfa Simón con desprecio.
Dos lobos venían a ata