Celeste
Cuando desperté, sentí que el mundo era otro. Abrí los ojos y los recuerdos del día anterior me invadieron. Hubo momentos en los que no sabía dónde empezaba su piel y terminaba la mía. Ahora estaba en su cabaña, en su gran cama, seca y abrigada con una sábana. Mis dedos fueron a mi cuello… recordé que no me había marcado ¿Por qué?
—Mi dulce amor — pronto sentí sus manos en mi espalda, acariciándome suavemente. —Esta es la mejor mañana de toda mi vida —añadió, besando mi frente. Yo solt