Alaric
Aun cuando ella estaba descansando, desnuda en mis brazos, en nuestro jardín especial, secreto y seguro, yo aún estaba inquieto. Temía que algo fuera a pasar, que apareciera algo de la nada y se la llevara lejos para siempre. Y, honestamente, no sabía cuándo esa sensación iba a desaparecer. Quizás nunca. Todo el día anterior ella había estado con Roy, quien no dejaba de perseguirla mientras ella corría y reía. Mi lobo había tenido razón. Los lobos conocen a sus mates más que nadie, había