Alaric
—Esos desgraciados... —gruñí mientras sentía mi aura expandirse. El llamado del pacto se escuchaba lejano, como una canción a kilómetros, pero ahí estaba. El anillo que hizo mi cielo era una bendición; mi amor era un regalo del paraíso.
—Estan en la zona norte. Con razón nos han tenido perdidos en tontas peleas en las otras coordenadas —murmuró Damián, colocándose frente a una computadora. Sus dedos golpeaban el teclado con rapidez mientras buscaba información—. ¿Cuántos son?
—Unos cuar