Al llegar a casa, Jean-Paul se enfadó mucho y tras aparcar el coche en el patio, salió y corrió hasta el umbral de la sala de estar y empezó a gritar:
–¡Dora! Dora ¿dónde está? ¡Dora! ¿Dora no está allí?
Impaciente, subió las escaleras y en los pasillos se cruzó con el preocupado hombre en cuestión.
-¡Vamos, baja rápido! Te unirás a tu pobre familia materna. Además mi casa no es un orfanato ni un vertedero para acoger a niños que no son míos.
Jean-Paul articuló las expresiones tal como le vinie