Me quedé en un silencio absoluto, la simple presencia de mi padre siempre me había provocado aquello, ese sentimiento de que debo guardarle ese respeto, incluso en las ocasiones que considero que no debería de hacerlo.
Él sin ni siquiera dirigirme la palabra luego de lo que había dicho delante de Marcelene, tomó asiento, se acomodó en el sofá y miró la revista que estaba a su lado, con ese mismo gesto de decepción.
—No puedo creerlo Maxwell, nunca he sido el tipo de padre que te ha prohibido a