"No te tomo como mi esposa," dijo Nero con claridad.
Todo el cuerpo de Daisy se puso rígido y sus ojos se abrieron como si él acabara de abofetearla en la cara.
"¿Qué?" susurró ella. "¿Qué dijiste?"
"No te tomo como mi esposa," repitió Nero, su voz clara y fría. "Nunca te tomaré como mi esposa, Daisy. Nunca te amaré y nunca seré el hombre que has creado en tu cabeza."
El rostro de Daisy comenzó a desmoronarse.
Fue entonces cuando el teléfono de Nero sonó.
Metió la mano en su chaqueta y lo sacó