"¿Qué tan grave?" La voz de Luciano atravesó el caos. Aún sostenía a Nero, la sangre de su hermano empapando su camisa, sus manos firmes aunque todo lo demás se desmoronaba.
El médico no respondió de inmediato. Estaba revisando el pulso de Nero otra vez, sus dedos presionados contra la piel pálida de su cuello, contando algo que solo él podía oír. Su otra mano ya se estiraba hacia su bolso, sacando un estetoscopio, presionándolo contra el pecho de Nero.
"Necesita ser hospitalizado," dijo finalm