21. Tiempos de cólera
Bella
Era pasada la media noche y ninguno de los que estábamos en aquel salón habíamos podido conciliar el sueño.
Guadalupe, aún sin creer que volvía a tener el bello rostro de su hijo a un palmo de su cara, lo estrechó contra su peso. Hace un rato había dejado de sollozar, pero allí estaba de nuevo, el rastro de unas nuevas lágrimas que solo surgían desde un amor infinito. Al principio, al saberle tan maltratado, se había negado a tocarle; no podía creer que su único hijo había regresado en aq