22. Llamada inesperada
Bella
Piernas enredadas y brazos entrelazados.
No me sorprendió despertar, tampoco haberlo hecho sabiendo que le tuve toda la noche a mi lado. Era una de esas pocas veces en las que las pesadillas no me alcanzaban y gozaba de un sueño profundo y reparador.
Sebastian había salido de la cama poco antes de que yo decidiera abrir los ojos. Poco después, escuché el rumor del agua de la ducha.
De repente, sabiéndolo desnudo a unos pocos metros de distancia, mis propios instintos me invadieron de un