POV Verena
Un mes después, la vida parecía avanzar con una velocidad que me descolocaba. A veces sentía que los días se deslizaban frente a mí sin darme tiempo de asimilarlos, como si el tiempo hubiera decidido compensarnos de golpe por todo lo que habíamos sufrido antes.
Los niños crecían a pasos gigantes, demasiado rápido para mi corazón, que aún intentaba acostumbrarse a la idea de tenerlos, de merecerlos, de no perderlos.
Cada mañana traía consigo un pequeño milagro. Una sonrisa nueva. Un gesto distinto. Un sonido inesperado.
Yo me sentía profundamente feliz al observarlos, al tenerlos cerca, al sentir su calor, su peso real sobre mis brazos. Saber que eran míos, que dependían de mí, que mi existencia ya no me pertenecía solo a mí misma, sino también a ellos, me daba una paz extraña, intensa, casi dolorosa.
Akron crecía sano, fuerte, despierto. Tenía una vitalidad que llenaba la casa, incluso cuando dormía. Era increíblemente listo para su edad; parecía entender más de lo que cual