POV Azkarion.
El día del entierro de papá amaneció gris, de ese gris denso que parece anunciar no solo lluvia, sino despedidas definitivas. El cielo estaba bajo, pesado, como si incluso el mundo hubiese decidido inclinar la cabeza en señal de duelo. El aire olía a tierra húmeda y a flores recién cortadas, y cada paso que daba hacia el cementerio se sentía como una confirmación dolorosa de lo inevitable.
Estábamos en el panteón familiar, el lugar donde descansaban todos los D’Argent, una línea de