POV Azkariel.
Envié la dirección del hotel junto con la hora exacta.
El mensaje fue breve, frío en apariencia, pero detrás de esas pocas palabras latía una expectativa feroz.
Sabía que ella lo leería. Sabía que iría.
Dejé el teléfono sobre la mesa y me serví otro trago, aunque ya no tenía realmente ganas de beber. El whisky quemaba mi garganta, pero mi mente estaba en otro lugar, siempre en el mismo lugar: en ella.
No pasaron ni diez minutos cuando mi teléfono volvió a vibrar.
Era el abuelo.
Fr