POV Ainoha
Antes de que el destino nos empujara hacia las tierras de Marruecos, decidimos perdernos en el corazón de Egipto. Queríamos que el Desierto Blanco de Farafra fuera el escenario de nuestro escape, y al llegar, el mundo que conocíamos simplemente dejó de existir.
El paisaje era majestuoso, casi intimidante.
El calor nos envolvía como una manta pesada, pero la vista compensaba cada gota de sudor: dunas de yeso que parecían olas congeladas en el tiempo, formaciones calcáreas que se alzaba