POV Verena
Mi corazón temblaba con violencia, como si quisiera escapar de mi pecho y huir antes que yo misma. El aire se me atoraba en la garganta y cada respiración era un esfuerzo consciente, doloroso. La doctora comenzó a revisarme con rapidez, mientras la enfermera ajustaba los instrumentos y me pedía que intentara mantener la calma.
Calma.
Decirlo era fácil. Sentirlo, imposible.
—Respira profundo, señora —dijo la doctora con voz firme, profesional, como si la seguridad en su tono pudiera imponerse a mi terror—. Todo estará bien.
Sentí el brazalete apretarse alrededor de mi brazo. El contacto frío del aparato me hizo estremecer. Escuché cifras, murmullos, palabras médicas que no lograba comprender del todo. Mi presión estaba un poco alta, pero no lo suficiente como para entrar en pánico, eso explicaron. Sin embargo, el miedo no cedía. Mis manos estaban frías, húmedas de sudor, y mi cuerpo entero parecía estar en estado de alerta, como si algo terrible estuviera a punto de ocurrir.