POV Verena
Azkarion regresó casi entrada la noche.
Lo supe antes de verlo. Siempre lo sabía. Había algo en el aire cuando él estaba cerca, una presión invisible que me recorría la piel, como si el mundo se tensara apenas un poco más. Cuando entró a la habitación, su expresión no era la de siempre. No había ira ni frialdad. Había decisión.
—Tenemos que irnos —dijo.
No pregunté nada. Ya no tenía fuerzas para cuestionar. Mi cuerpo aún estaba débil, y mi mente, demasiado cansada para luchar contra lo inevitable. Azkarion me levantó en brazos con una facilidad que me hizo sentir pequeña, frágil… protegida. Me habían dado el alta médica horas antes, pero aun así él no permitió que caminara.
Salimos del hospital sin hacer ruido.
El mundo exterior me pareció distante, casi irreal. Me acomodó en el asiento trasero del auto y se sentó a mi lado. Delante iban su guardia de confianza y el chofer. Al mirar por la ventanilla noté algo más: detrás de nosotros había otro vehículo… y uno más.
—¿Y ese a