POV VERENA
Volvimos a casa con la esperanza, quizás ingenua, de que al menos por unas horas podríamos respirar. Que el mundo nos diera una tregua, aunque fuera mínima, después de todo lo que habíamos atravesado. Pero la paz rara vez llega sin condiciones. Esa sensación de alivio se vio interrumpida apenas llegamos a la mansión.
Afuera estaba Derry D’Argent. Su figura recortada contra la luz del atardecer parecía más oscura, más amenazante que nunca. No lo dejaron entrar. Lo vi detenido frente a