POV Azkarion
Me acerqué a Harold despacio. Estaba en la silla de ruedas, con los hombros hundidos, la espalda vencida y la mirada fija en algún punto invisible del suelo, como si allí se escondiera algo que solo él podía ver. Harold ya no imponía respeto.
No había rastro del hombre que alguna vez caminó con arrogancia, creyéndose invencible. Su cuerpo parecía reducido, frágil, casi derrotado por el peso de sus propias decisiones.
Y, aun así, no logró conmoverme.
No podía olvidar quién era su madre. No podía olvidar quién era él.
Y, sobre todo, no podía olvidar todo el daño que me había hecho.
El pasado no desaparece solo porque alguien baje la cabeza o porque el destino le arrebate la fuerza. Hay cosas que se incrustan en la memoria como cicatrices internas, invisibles, pero eternas.
—No sabía el daño que te hizo mi madre —dijo al fin—. Nunca imaginé que fuera capaz de algo así.
Su voz sonaba apagada, gastada, como si cada palabra le costara más de lo que estaba dispuesto a admitir. N