Desz se detuvo en el linde del bosque, refugiándose del implacable sol a su alero. Volvía a estar herido y era susceptible a su ardor.
—Uno de mis hombres ayudará a curar tus heridas y te guiará a la aldea de donde los Dumas han salido. No podemos permitir que el resto de infiltrados se entere de que hemos descubierto su pantomima. —Camsuq miró a sus soldados, esperando algún voluntario.
Para su sorpresa, tres de los ocho que le quedaban dieron un paso al frente. Escogió al más joven de ellos,