Punto de vista: Elowen Hart
Maya no era de muchas palabras.
Era alta y delgada, con pómulos afilados y unos ojos a los que no se les escapaba ningún detalle. Sus manos se movían a toda velocidad mientras me tomaba las medidas. La cinta métrica rodeó mi cintura, mis caderas y mi pecho. Anotó unos números en una pequeña libreta que no llegué a ver.
—Ponte derecha —ordenó.
Obedecí y me erguí.
Sacó el vestido verde de la funda. La seda emitió un sonido suave y fluido, como el agua resbalando sobre