Punto de vista: Elowen Hart
La puerta era más pesada de lo que imaginaba; empujé la madera oscura con la mano y, por un instante, no ocurrió nada. No se movió. Era maciza, gruesa, la clase de puerta diseñada para mantener las cosas fuera. O tal vez para dejarlas encerradas. Luego se abrió sin emitir un solo sonido, y entré en la oficina del Rey de Hielo.
Lo primero que noté fue el frío. El aire en el despacho del señor Voltaire era aún más gélido que en mi cubículo. Se sentía limpio y vacío, co