Punto de vista: Elowen Hart
La puerta hizo clic al cerrarse a mi espalda, y el silencio de su oficina me engulló por completo.
Había estado en esta habitación solo una vez, ayer, cuando me ordenó que no me quebrara. Recordaba el aire helado. El ventanal que ocupaba toda la pared. El escritorio desproporcionadamente grande. Pero esta vez se sentía diferente. Esta vez no me había llamado para protegerme, sino para otra cosa. Aún no sabía para qué, y la incertidumbre hacía que me sudaran las manos