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Dejé escapar un suspiro cargado de fatiga y alivio al finalmente llegar a la puerta de mi apartamento después de un viaje en taxi. Aunque mi destino era el restaurante, necesitaba pasar primero para cambiarme y tomar una pastilla para la resaca.
Al cerrar la puerta tras de mí, desprendí distraídamente el asa del bolso que cargaba en mi hombro. Fue entonces cuando noté en el centro de la sala la presencia imponente de una figura masculina, sentada con una pierna cruzada sobre la otra, lanzán