Han transcurrido más de tres días desde que Silvano desapareció de mi vida. Desde que pusimos fin a esa relación que apenas existió en mi apartamento, no he vuelto a tener noticias suyas. Tal vez comprendió que no hay perdón para él y que no deseo volver a verlo.
Hoy, bajo la tormenta, sigo trabajando en el restaurante. Los clientes entran empapados de copos de nieve, buscando refugio y una taza de café caliente. Navego de una mesa a otra, con la mente en blanco y un rostro más inexpresivo que