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Merodeo por la habitación, sin rumbo fijo. No encuentro un lugar cómodo; me siento en la cama, acomodo las cosas en la cómoda y hasta intento ver una película para distraerme de la paranoia y la ansiedad.
Silvano no está en casa; solo estoy yo y los subordinados, ya que, según él, tuvo que ocuparse de asuntos de negocios y llegaría tarde esta noche. No puedo soportarlo, no me gusta cuando llega tarde, y mucho menos que me deje sola para dormir, sabiendo que no logro conciliar el sueño sin