El hombre con mirada roja, no deja de mirar a mis ojos ni un solo segundo y cuando siento que no puedo más con esta presión de su mirada, él me toma del mentón con suavidad, aunque es claro que lo que desea es otra cosa.
—Mírame, Adhara. Mírame y responde a mis preguntas, porque era impensable para mí soportar a alguien ebrio, preocuparme por un desconocido o estar en calma aunque me vomitaras, —Dice Jareth y yo me alejo sabiendo a que se refiere con ello.
—Yo… no sé qué decir al respecto— me l