Mundo ficciónIniciar sesiónCuando creo que los regaños o ataques van a seguir, el señor Every me abraza con un brazo y camina conmigo hacia el interior de su auto, donde sin mediar una sola palabra, nos subimos y marchamos del caos que hay en la entrada de la empresa.
— Ya puedes soltarme, estas a salvo — dice el señor Every y es en este preciso momento que me doy cuenta de que estoy aferrada al borde de su chaqueta. — L-lo siento — susurro avergonzada.






