La vergüenza me invade, pero, sé que no puedo reclamarle o molestarlo, ya que, eso solo le daría la satisfacción a Jareth de haberme avergonzado. Además, aunque me siento agotada y débil, deseo lo mismo que é; marcar cada parte de la casa, con los fluidos que salen de nuestros cuerpos, cuando llegamos a un orgasmo.
Por lo que, huyo hacia las escaleras, antes de que Jareth continue con comentarios lujuriosos que me están empezando a gustar escuchar.
—Puedes correr, eso es sorprendente, esposa—