Me sentía ahogada en esa fiesta, como si cada pared y cada risa fueran una soga apretando mi cuello. Necesitaba respirar, liberarme aunque fuera por un momento, así que me dirigí al jardín. Las luces y el bullicio de la fiesta quedaron atrás, y el aire fresco de la noche me golpeó el rostro, calmándome ligeramente. No podía entender por qué Elijan la había traído aquí, sabiendo que yo estaría presente y la había besado frente a mí. Era cruel. No quería llorar, no aquí. Pero la imagen de ellos j