Capítulo 15. La calma
ELENA
Lycan caminaba sin mirar atrás. Sus brazos seguían rodeándome, y yo me aferré a él como si fuera un salvavidas. A lo lejos, un coche negro de cristales polarizados esperaba, con el motor encendido.
El ejército se dispersaba. Algunos se quedaron vigilando, otros escoltaban a mis padres, que caminaban cabizbajos y derrotados.
Cuando llegamos al coche, Lycan abrió la puerta trasera. Con cuidado, me dejó en el asiento, como si fuera de cristal. Me acomodé sin decir palabra, aún temblando, aú