Kael se mantuvo al margen, entre las sombras de su grupo, con los sentidos afilados y el estómago hecho un nudo. Sabía que esta noche podía cambiarlo todo. Para bien o para mal.
Las palabras de Vidar resonaban en el aire como veneno. Su voz alta, burlona, impregnada de arrogancia.
-FELICITACIONES AL PEQUEÑO KILIAN. -bramó Vidar desde la distancia, apretando los dedos en el cuello del forastero herido y empujándolo al frente como un trofeo maltrecho. -PARECE QUE FUE AYER QUE TU HERMANO Y TÚ JUGA