No regresó a casa cuando se les ordenó replegar el lugar. Lía intentó detenerlo, pero Kael besó su mejilla prometiendo que se aseguraría de unas cosas rápido y regresaría con ella.
Una mentira para tranquilizarla, si le dijera que iba a espiar a los altos cargos de la manada golpearía su cabeza para saber si estaba funcionando bien. El frío de la madrugada se colaba entre las tablas mal ensambladas de las construcciones, y las antorchas ya se apagaban en la plaza central.
-No lo dejes morir,