Las tensiones aumentaban en la manada, muchas otras fronteras estaban siendo descuidadas y la mayoría de los Lobos que regresaban de sus patrullas (que podían durar días) volvían con el cuerpo agotado y la rabia contenida. Y no solo por la escasez de presas o el frío que aún castigaba los bosques, sino por lo que encontraban al regresar: familias hambrientas, jóvenes sin dirección, ancianos temerosos, y un territorio cada vez más descuidado en las fronteras internas.
Los rumores corrían más ráp