La Prueba
El aire fresco del bosque golpeaba con brisas suaves contra el rostro de Lía. Sus pasos golpeaban la tierra húmeda a un ritmo que ya le quemaba los pulmones, pero la voz de Helena detrás de ella no daba tregua.
-¡Vamos, Lía! No me digas que te vas a rendir ahora. -La apuró, con ese tono firme que no dejaba espacio para excusas.
Lía bufó, intentando controlar la respiración. Cada zancada le recordaba que, aunque Cano la hubiera dado de alta para ejercitarse, su cuerpo aún no estaba al