Alexandre
Aparqué mi auto con precisión frente al edificio elegante. Sonreí satisfecho, agradeciéndome por haber guardado la dirección de Jaqueline en el contacto. Bajé del coche acomodándome el saco. Miré el edificio alto y caminé decidido hasta la portería.
—Buenas noches. Necesito hablar con Jaqueline Ribeiro, apartamento 402B.
—Le voy a llamar por el intercomunicador, un momento —me avisó el portero, un señor canoso de mirada atenta.
—No hace falta llamarla. Es cosa de novio. Jaqueline y yo