Alexandre
Jaqueline estaba visiblemente tensa junto a su hermana, quien me observaba de arriba abajo con una mezcla de desafío e interés. No dudé: caminé hasta Jaqueline y la abracé, besándola con cariño. Con voz serena pregunté:
—¿Todo bien, amor?
Ella asintió de inmediato, pero noté la rigidez en sus hombros y la tensión que flotaba en el aire. Me puse en alerta, pues ya había presenciado la hostilidad de su hermana por videollamada. Aline seguía mirándome de frente, con un brillo desconfiado y provocador en los ojos.
—Entonces… ¿tú eres el jefe de mi hermana?
Tomé la mano de Jaqueline y sostuve su mirada con calma, sin intimidarme.
—No. Hice una breve pausa y acerqué aún más a Jaqueline hacia mí, rodeándola de manera protectora con mis brazos. —Soy el prometido de Jaqueline. Su futuro esposo.
Aline arqueó una ceja, como si midiera mis palabras. El interés en sus ojos se transformó en algo más desafiante, casi como si quisiera poner a prueba hasta dónde llegaba mi convicción. Acaric