Alexandre
Fijé la mirada en Jaqueline con una mezcla de curiosidad e inquietud. Había algo oculto en la visita de Edgar.
—¿Qué fue aquello? ¿Qué quería Edgar aquí? Siempre ha sido un hombre muy reservado.
Jaqueline enroscó su brazo en el mío de forma cariñosa y caminamos lado a lado por el pasillo hasta el despacho.
—Yo tampoco lo entendí… —suspiró—. Cuando regresé del almuerzo, estaba sentado afuera, llorando. Lloró bastante. Yo solo lo acogí y le ofrecí un té.
Dentro del despacho, me dejé cae