Gustavo
El desayuno ya estaba servido en la mesa, pero cada segundo parecía arrastrarse. Mis ojos estaban fijos en la entrada del comedor, esperándola. Cuando Lívia finalmente apareció, casi me quedé sin aliento. Su cabello largo, todavía húmedo, caía pesado sobre los hombros, brillando bajo la luz de la mañana. El vestido verde, corto y de tirantes finos, dejaba su piel fresca al descubierto. Sin maquillaje, estaba aún más bonita, inocente, natural.
No dijo nada. Solo caminó hasta la silla y s